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¿Estamos Solos? PDF Imprimir E-Mail
escrito por Mario Méndez Acosta   
miércoles, 31 de enero de 2007
El premio Nobel de Física de 2006 fue compartido por dos cosmólogos prácticos de primer nivel. Los estadounidenses George Smoot y John C. Mather fueron laureados por realizar lo que Stephen Hawking llamó “El descubrimiento científico del siglo (XX), si no es que de todos los tiempos”. Muchos de los secretos de la creación del universo quedaron aclarados, al detectar ellos las características y la distribución de la radiación de fondo del cosmos y la forma en que ésta varía en intensidad y llega a nosotros desde cada dirección de la esfera celeste. Para ello, ultimaron tanto globos aerostáticos, lanzados desde el polo sur, hasta aviones espías U2 y el famoso satélite COBE, que mide las emisiones del fondo cósmico, actuando éste como un cuerpo negro radiante.

Cúmulo de Galaxias
Cúmulo de Galaxias captado por el TEI Hubble
El ser humano, gracias a su capacidad tecnológica de recibir e interpretar señales de ondas electromagnéticas muy tenues desde el cosmos, ha alcanzado así la posibilidad  de otear hasta los más lejanos confines del universo en expansión. Tanto en las frecuencias de radio, de rayos X. del infrarrojo, de microondas y de rayos gama podemos tener una imagen del firmamento que muestra objetos increíbles y convulsiones colosales.

Sin embargo, lo que nunca se ha detectado, a pesar de los esfuerzos realizados por multitud de astrónomos, son señales que sugieran al menos la presencia de civilizaciones tecnológicas avanzadas.

La existencia de algún imperio galáctico, o de sistemas de navegación interestelar en gran escala, resultaría inocultable, ya que requerirían un nivel de emisiones moduladas de ondas electromagnéticas equivalente al menos al que se observa en la superficie de la Tierra controlando el tráfico aéreo.

Se ha postulado que tal vez estas comunicaciones empleen partículas no convencionales, como los hipotéticos taquiones, que supuestamente viajan a una velocidad superior a la de la luz, y que no podemos detectar con nuestros instrumentos y telescopios diversos, pero lo que resultaría inocultable es la presencia de energía degradada, a manera de calor o radiación infrarroja, que resultaría del consumo de la energía útil usada en cualquier tipo de transportación de alta eficiencia que requiere el viaje interestelar. El físico Freeman Dyson ha especulado que una civilización tecnológicamente muy avanzada estaría en posibilidad de construir una especie de esfera gigantesca habitable alrededor de una estrella, para aprovechar íntegramente su energía radiante y aun trasmitirla mediante radiofaros poderosísimos a lo largo de canales de navegación que comunicarían varios sistemas estelares.

Pero tampoco se ha encontrado evidencia de la existencia de esas esferas, que también emitirían energía calorífica degradada.
Debe comprenderse que, al atisbar desde la Tierra con nuestros diversos observatorios en realidad estamos contemplado el cosmos como era en el pasado, ya que la luz que nos llega desde sus confines toma gigantescos periodos en recorrer esas distancias. Mientras más lejanos sean los objetos que observamos, y muchos están a cerca de diez mil millones de años luz, más hacia el pasado estaremos viendo, y por lo tanto es más probable que estemos observando regiones en las que no ha podido evolucionar vida inteligente, y menos una gran civilización tecnológica con capacidad de viaje interestelar o aun intergaláctico; sin embargo, en regiones cercanas a nuestra galaxia observamos grandes conuntos de galaxias situadas a no más de 100 o 200 millones de años, en los que abundan las estrellas con planetas con mas de 4,000 millones de años de existencia, un plazo suficiente como para que pueda aparecer la vida inteligente.

En nuestro planeta, hace 100 millones de años reinaban los dinosaurios, pero no resulta imposible que en otro orbe el intelecto, la cualidad natural que brinda el máximo valor de supervivencia, hubiera aparecido en alguno de los cientos de miles de millones de sistemas planetarios.

Hay que tomar en cuenta que una civilización tecnológica, capaz de emitir señales de radio como la nuestra, resulta inocultable para un observador dotado de un buen radiotelescopio.

Sin embargo, y contradiciendo las afirmaciones de quienes creen en la existencia de civilizaciones extraterrestres que nos visitan en  naves tripuladas conocidas como ovnis, nada de las inocultables evidencias de una presencia de ese tipo puede ser detectando aún por los más refinados instrumentos.

Lo anterior nos revela un hecho que debe movernos a reflexión. Tal vez seamos una de las primeras civilizaciones de alta tecnología que hayan surgido en todo el cosmos,  y ello implica consecuencias filosóficas impresionantes.  Llevamos en nuestros hombros la responsabilidad de la autoconciencia del cosmos, y por ende cualquier posibilidad de que por medios tecnológicos este pueda ser modificado para su colonización y conservación en un futuro mucho muy lejano.

Referencias

Wrinkles in Time. George Smoot and Keay Davidson.  Avon Books  NY 1994.
The very first Light. John C. Mather and John Boslough. Basic Books NY 1996.
The Cosmic Inquirers. Wallace Tucker and Karen Tucker. Harvard G:B, 1986.
Transformando el Universo. Freeman Dyson. FCE. México, 1982

Modificado el ( miércoles, 31 de enero de 2007 )